Mirábamos lo que no debíamos mirar.
"No hagas cosas que parezcan malas." Se que debiste haberlo escuchado alguna vez pero fue algo que no nos importó en lo mas mínimo, "No han condenado a nadie por mirar y ser testigo." Pero miramos... nos paralizamos uno frente al otro y mirábamos por sobre el hombro que nadie viese esa, aquella nuestra pequeña estrella.
Tu sol brillaba y cantabas bajo su calor, tierno y tibio, yo a mi luna cantaba con mi laúd a sus tiernos brillos y su tranquila templanza. Muchas veces el sol arde en los ojos y la luna poco alumbra.
Trabajamos nuestras tierras con agua del mismo río ocasionalmente encontrándonos al principio por casualidad después poco a poco por causalidad, el río fue testigo de que luchamos por no hacerlo así pero ni todos los días se quiere sol, ni todos la luna, el calor en nuestro río bajo la montaña, junto al mar. Poco a poco hizo nubes que después cerraron el cielo y un cielo sin sol ni luna hubo sobre de nosotros, el río se hizo pequeño.
-¿Donde esta el río?
-En el cielo. (Respondí)
-¿Cuando lloverá?
-En luna llena.
-¿Es de día?
-No lo se, esta oscuro, debe ser de noche.
-Las aves cantan, es de día.
-Esta oscuro, es de noche para mi.
-Las aves cantan, es de día para mi.
Al siguiente día y al siguiente, no llovía, el río se acabó.
-¿Que haremos sin agua? Morirá todo.
-Nada ha de morir iré por nieve a la montaña y he de derretirla en mi cosecha.
-¿Que pasa con mi tierra, la dejaras morir?
-Puedes ir conmigo
-No tolero el frío, ni la subida a la montaña.
-Usa el agua del mar.
-Mis frutos son dulces, se marchitarian.
-Subire ala montaña y bajaran grandes bolas de nieve por donde fluía el río debes guardarlas aquí y derretirlas con tus bailes, cuando baje tocare mi laúd y Bailaras hasta fundirla.
Así mi laúd y tu baile se hacían un acto que daba sus propios frutos, yo tocaba mas intrépido, decías tu seguir mi laúd pero yo seguía tus caderas. Lo hicimos así las noches o los días, el tiempo paso entre mis cuerdas y tus caderas, podía hacerte bailar a mi placer y tu me hacías tocar el pretexto que tu cuerpo deseaba pero la oscuridad espesaba, pronto dejamos de vernos y al no mirar no fuimos testigos mas que de la oscuridad, el río ya no estaba y entre tu tierra y la mía solo había una zanja, deje de tocar pues no podía verte bailar.
-Toca y yo iré a ti.
No me di cuenta, venias hacia mi pero...¿Para que? De cualquier modo no deje de tocar.
-Corre, no quiero alcanzarte tan pronto.
Corrí y empezamos un juego, pronto yo bailaba para que no pudieras tocarme y tu cantabas, nos divertimos y tu me alcanzaste.
-En hora buena.
Te dije y me abrazaste, reímos y nos abrazamos, tu cuerpo de verdad era cálido.
Como si fuéramos inocentes fingimos sorpresa y guardamos silencio, nos tomamos de ambas manos y colgué de tu cintura un cascabel y en mi espalda pusiste el tuyo.
-Ahora sabremos donde esta el otro.
De esto no me di cuenta que con ese cascabel en la oscuridad nos pertenecíamos el uno al otro. Caminabas y tu cascabel sonaba y mi corazón se agitaba, pocas veces me movia así que poco ruido hacia pero tu cascabel sonaba, a veces mas a veces menos, lejos... cada vez menos y cuando saltaste la zanja corrí rápido hacia ti. Tu no sabias pero antes de que vinieras, cuando el sol no existía y ni la luna, cuando ya había sido antes todo oscuridad hice una estrella que vivía lejos y yo miraba cada noche brillar muy a lo lejos, cada vez mas lejos. Pero ahora estabas tu, mas cerca que la luna, mas cerca que la estrella,hicimos nuestra propia estrella.
Pronto el sol brillo pero torpe como Narciso brillaba tanto que otro resplandor no pudo notar así estuviese frente a el y con la luna bastaba poner la estrella en el mar y pensaba que era un reflejo mas, que no se comparaba al de ella, así bailabas cada día y yo asaltaba el río, hasta que se oscureció de nuevo y de nuevo, sólo tres veces mas hacíamos dentro de nuestra estrella, los cascabeles sonar al ritmo que solo el amor puede tocar. Era justo que bailabas para el sol lo que evaporaba el agua y mi laúd el que hacia la marea subir, las olas agitarse y la brisa y el rocío fresco bañar nuestras tierras, cuando el sol y la luna se marcharon, nuestra estrella se apago, era justo la rebeldía, el brillo de la estrella, cuando no hubo mas a quien engañar, los cultivos se secaron y te fuiste pero esta tierra yo no pude dejar, lance la estrella muerta al mar y subí a la montaña para no volver a bajar para volver otra vez a imaginar que aquella estrella que se había ido, regresaría y volvería a brillar.
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