¿Quien dice como inicia o termina algo? ¿Quien dictamina el bien, el mal... la justicia? Yo mismo, no se cuando soy honesto o cínico, pues si soy sincero al contar mi vida hay grandes contrastes en mis hechos pues puedo pasar de la aparente presunción a la autolástima y la confesión de actos desvergonzados, de malas decisiones, de momentos podridos, grises, colores y matices.
Es el tiempo que se acumula solo en los cuerpos haciéndolos mas viejos el que me ha llenado de recuerdos con mis pasos y me enseña a diferir de manera poco clara de lo que es bueno y no, no se como estoy viviendo, a donde voy y si lo hago bien, no se si mis alegrías son autenticas y si disfrutar el momento es de verdad digno de la razón que se posee.
De niño siempre soñé y sin embargo siempre fui feliz, con los demonios, el miedo y la ignorancia. Las lineas de las que todos hablan que separan lo bueno de lo malo son poco claras y lo único que se ver en mis intenciones es que quiero ser feliz y pleno, pero en el camino a esto, nada se, ¿Cómo llegar a donde no se cómo llegar? Retomo mis pasos y vuelvo a hacer aquellas cosas que creí me acercaban a aquel lugar, las ramas de los arboles crecen hacia la luz sin pensar en que pueden orillar su peso al precipicio, los arboles parecen estar bien alojando nidos en sus ramas, de aves que se comerán sus frutos y después se irán, parece que un árbol sabe bien lo que es dar, pues inmóvil, clavado a su naturaleza la sigue sin más. Yo constantemente temo que mis frutos no sirvan para más que alimentar, no domino la naturaleza del dar. El resto de seres sin embargo se ven cómodos a mis ojos cayendo en contradicciones, a veces vuelan o caminan pero siempre vuelven a arrastrarse, sobre sus lenguas y cabezas.
Es infinita la lista de errores por cometer y sin embargo hay quienes se enfrascan en la repetición de placeres vanos que a la postre te humillan y rebajan, demasiado lamer el piso corta las alas y lo sencillo siempre esta de oferta al suelo para quien quiere imaginar volar. Esos brillos a mi no me seducen más, ni el poder, ni el prestigio, los seres vivos que veo viven sin vida sin usar sus almas, luego por ello pienso, ellos creen en los fantasmas pues los cuerpos sin almas dejan pensar que haya por ahí almas vagando sin cuerpos, aunque yo pienso que los fantasmas son ilusiones, como los lindos plumajes, los lindos nidos y todo aquello que el tiempo se ha de llevar e inclemente siempre masacra y pisotea el prestigio de la gloria de lo efímero, nada que el tiempo pueda asesinar vale la pena si quiera pensar, siempre pienso eso.
Sin embargo existen similitudes que tengo con esos seres, hago lo que pienso que esta bien sin cuestionarlo, porque esta bien me repito, porque es lo mejor y el pensamiento alineado siempre a la acción.
Observo por la noche estrellas que me dan luz, algunas me gustan y al acercar el alma sucede que como el árbol que crece en dos direcciones termina por partirse, a veces no importa, para mi, no hay nada que valga más que mirar bien de cerca la luz de lo bueno y bello, y si es posible probar las mieles de aquello, para endulzar mis frutos y mi alma, para en lapsos de embriaguez de breves disfrutes de los bienes eternos refresque mis momentos constantes en el desierto de cosas que valga la pena ver, de seres en los que confiar, Observo un ser, que a veces se acerca y de mis frutos come, a veces se deja mirar y canta por mis ramas. unas veces vuela y de mi se ríe, otras camina y baila con gracia, y aunque a veces se arrastra amarga, siempre parece estar conforme, con forma de lo que haga falta para disfrutar con mente en la bondad pero sin seguir como yo, de manera recta ningún ideal, sabe mejor que yo que las lineas no son claras y las formas se pierden, conforme. Con forma de lo que haga falta, salta, ríe y canta, esa ave desgraciada, que me llena de envidia, una lección aprendo al mirar y es dar mi presencia sin nada importar.
He aquí un regalo que no espero vayas a sembrar solo te lo doy por el placer de adularte, de las aves la mas astuta.
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