domingo, 25 de junio de 2017

El siervo de Dios

Desde muy pequeño lo recuerdo solo, se levantaba muy por la mañana y barría frente a la puerta de la calle, no importaba el frío a sus viejos huesos. Después iba a la iglesia y ponía más atención que nadie, me jalaba las orejas si me sorprendía sin poner atención al sacerdote y decía que era el mismo Pingo quien me distraía. Fue su culpa si alguna vez llegué a pensar que Satanás era gracioso, siempre pensaba en un diablo muy gordito y bigoton cuando decía Pingo. Adoraba participar en la lectura de los pasajes. Cargaba su grande cruz de medalla con orgullo que había obtenido, la medalla y el orgullo, de sus estudios bíblicos dentro de la iglesia católica, tenía el grado máximo. Y yo era su nieto estaba por descubrir a Dios y la fe.
Siempre leía la biblia y más y más literatura aprobada por algunos noseque que decían que debía leer el feligres católico.
Siempre practicó esa virtud y la piedad, admirable de verdad, mientras tuvo bellos negros en su barba, pues una vez habiendose hecho un blanco anciano y arrugado, fue curioso a donde los años y la fe llevaron a mi abuelo, hombre de Dios.
Cada día salía menos de donde se recluía a leer, reflexionar y rezar, recuerdo que decía que resaba por quienes podía, pasaba tanto tiempo encerrado que uno solo sabía si se encontraba en casa cuando salía a reclamar los pecados de los demás pues el no iba a permitir la corrupción en su hogar mientras se hallaba en vida, solo salía de casa a comer y a misa. Pobre abuelo mío no sabía que el estaba ciego de tener tanto los ojos en Dios. Fue tan bueno que comenzó a sentirse digno de juzgar, perdió las bases, olvidó la pasión de la carne que a sus años tan podrida, resulta fácil. Ahora ya tan blanco acaricia a Dios en sus pensamientos, ha tocado la verdad, ha comprendido los dogmas, las puertas del templo de Dios se han abierto de par en par pues el ha abierto sus puertas a Dios, ahora es reconocido por su gran fe y se ha quedado solo. El hombre bueno aquel apenas lo recuerdo, murió cuando hubose posado en su cabeza el ave que a ningún lugar vuela pero que de aletear no deja y le dió por graznar.
A veces sus juicios eren muy errados, los años y su pasión lo han matado, lo han cegado, se entrego a Dios pero tambien siento que me lo ha quitado. Se bien que irá con Dios cuando termine de morir su cuerpo, estoy seguro que su fe lo salvará pero su Dios nos lo robó. Quizá llamó su conciencia y no su cuerpo al mismo vuelo pues parece que para adorar a Dios hay que estar muy cuerdo, pobre de mi abuelo pues su familia ya no pudo amarlo, sus ojos juzgaban con irá el tacto de las pieles. Ahora ya hablaba del Diablo, Satanás está en todo, incluso en nosotros, decia preocupabo, ya muy convencido de que el pecado original nos condenaría al infierno. Pobre de mi abuelo viejo loco pero pobre de mi que ya tan joven se que todo está en mi mente, que desde ya, tan joven y a la vez ni tanto se que Dios no ha esperado para hacerme enloquecer o no lo sé, pero he visto a todos los hombres sucumbir ante su locura, incluso a los hombres de Dios. Parece que la mente es nuestro movíl principal incluso el que nos lleva a la fe y que difícil es creer en algo cuando todo es tan confuso, que fácil es perder a Dios incluso llenos de fe cuando el criterio ni abraza, ni camina. ¿A dónde vas oveja perdida? Espero que a los locos también nos ame Dios.

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